El día de mañana, primero de noviembre, finalizará el horario de verano. Si bien una gran parte de la población recibe con agrado la hora adicional de descanso, es posible que para otras personas el adelantamiento del atardecer resulte menos atractivo.
Si en alguna ocasión usted ha experimentado una disminución en sus niveles de energía, una menor motivación o, simplemente, un estado de ánimo levemente decaído a medida que los días se acortan, sepa que no se encuentra solo en esta situación.
La luz solar desempeña un papel fundamental en la regulación de nuestro reloj biológico interno, así como en los patrones de sueño y el estado anímico. Debido a la reducción de las horas de luz natural durante el otoño y el invierno, algunos individuos experimentan alteraciones en su bienestar emocional.
Para la mayoría, estas manifestaciones son de carácter leve y transitorio. No obstante, en ciertos casos, los cambios estacionales pueden propiciar el desarrollo de una variante más severa de depresión conocida como Trastorno Afectivo Estacional (TAE).
El hecho de que usted perciba fatiga ocasional o un menor entusiasmo ante la reducción de las horas diurnas no implica necesariamente la presencia de un cuadro depresivo. El Trastorno Afectivo Estacional se caracteriza por un patrón recurrente de síntomas depresivos que, por lo general, se prolonga durante varios meses. Entre dicha sintomatología se incluye la tristeza persistente, la pérdida de interés en las actividades cotidianas, la baja energía, la tendencia a dormir más de lo habitual, las alteraciones en el apetito y el aislamiento del entorno familiar o social.
Afortunadamente, existen diversas estrategias para salvaguardar su salud emocional durante la transición estacional:
Incorpore la luz solar en su rutina diaria: Permanezca al aire libre siempre que le sea posible, incluso si esto consiste únicamente en realizar una breve caminata durante el día.
Mantenga una vida físicamente activa: La práctica regular de ejercicio contribuye de manera significativa a regular el estado de ánimo, mitigar el estrés y optimizar la calidad del sueño.
Conserve sólidas sus conexiones sociales: Planifique encuentros con amigos, visite a sus familiares o participe en actividades colectivas que propicen la interacción con otras personas.
Preserve un horario de sueño regular: Establecer horas fijas tanto para acostarse como para despertarse coadyuva a sostener los ritmos naturales de su organismo.
Dedique tiempo a actividades placenteras: La lectura, la jardinería, la cocina, la audición de música o el desarrollo de cualquier pasatiempo le proporcionarán estímulos positivos para su jornada.
Si usted nota que los sentimientos de tristeza, la fatiga o la pérdida de interés persisten por un período igual o superior a dos semanas, se vuelven severos o comienzan a interferir con el desarrollo de su vida cotidiana, es indispensable que consulte con un profesional de la salud.
