El ejercicio físico regular no solo beneficia al cuerpo, sino que también fortalece el cerebro. Tanto el ejercicio aeróbico como el entrenamiento de resistencia aumentan el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína que actúa como fertilizante para las células cerebrales, mejorando así la memoria, la cognición y la resistencia al estrés.
Esta es la explicación científica: el ejercicio, en concreto, estimula la creación de neuronas en el giro dentado del hipocampo, que es fundamental para el aprendizaje, la memoria y la regulación emocional.
Tanto el ejercicio aeróbico (correr, nadar, andar en bicicleta) como el entrenamiento de resistencia pueden estimular la neurogénesis. Sin embargo, el ejercicio debe ser constante, de intensidad moderada y durar al menos 30 minutos, de 3 a 5 veces por semana.
En concreto, correr, montar en bicicleta y caminar mejoran el flujo sanguíneo al cerebro, lo que favorece directamente la memoria y el aprendizaje. La actividad física, como el tai chi y la danza, mejora el equilibrio y la función cognitiva, y el tai chi en particular se asocia con beneficios mentales duraderos.
