La escuela secundaria y el bachillerato son épocas de enormes cambios. Los jóvenes desarrollan nuevas identidades, se vuelven más independientes y se desenvuelven en relaciones sociales cada vez más complejas, todo ello mientras sus cerebros aún aprenden a gestionar las emociones.
La vuelta al colegio suele conllevar presión para rendir académicamente, preocupaciones sobre las amistades y la aceptación social, y ansiedad por los deportes, los clubes o las actividades extraescolares.
Reconocer estos sentimientos a tiempo puede ayudar a evitar que se vuelvan abrumadores. Cuando tu hijo hable de la escuela, resiste la tentación de solucionar el problema de inmediato.
En cambio, haz preguntas abiertas como: "¿Qué es lo que más esperas de este año?"
"¿Qué es lo que sientes diferente al volver?" "¿Hay algo que te preocupe?"
A veces, el simple hecho de saber que alguien les escucha sin juzgar es justo lo que necesitan.
La mayoría de los expertos coinciden en que es normal sentirse nervioso durante las primeras semanas de clase. Pero si la tristeza, la ansiedad o la irritabilidad persisten durante varias semanas, o comienzan a afectar el sueño, la alimentación, las amistades o el rendimiento escolar, quizás sea el momento de hablar con el maestro, el consejero escolar o el médico de su hijo.
