Un envejecimiento saludable no se trata solo de cuidar el cuerpo. Cuidar la salud emocional —y seguir encontrando motivos para interesarse, participar y entusiasmarse con la vida— puede ser igual de importante.
Una forma de cuidar el bienestar emocional es sorprendentemente sencilla: buscar siempre algo que le ilusione. No tiene por qué ser un viaje a Europa ni un acontecimiento importante. La ilusión puede surgir de planes grandes o pequeños: un desayuno con amigos un sábado, cuidar el jardín, empezar a escribir un libro, apuntarse a un curso, hacer voluntariado, aprender a pintar, planear una cena familiar o comprar entradas para algún evento el mes que viene.
El aprendizaje no tiene fecha de caducidad. Anímese a probar algo nuevo o retome algo que antes disfrutaba. Apúntese a una clase de cocina. Aprenda otro idioma. Toque un instrumento musical. Visite un museo por el que lleva años pasando en coche. El objetivo no es convertirse en un experto, sino darse la oportunidad de experimentar algo nuevo.
El propósito de la vida puede cambiar a lo largo de nuestra existencia. Lo que le daba sentido a la vida a los 35 no tiene por qué ser lo mismo a los 65 o 75. El propósito puede provenir de la familia, la fe, las amistades, la creatividad, el trabajo, el cuidado de una mascota, la mentoría de alguien más joven, el voluntariado o simplemente de ser la persona que organiza la cena del domingo. No es necesario que encuentre su propósito. A veces puede crearlo: empiece por hacer un plan que realmente le ilusione.
