Las investigaciones indican que la práctica regular de yoga puede ralentizar significativamente el deterioro mental al combinar movimiento físico, ejercicios de respiración y meditación.
El yoga estimula la neuroplasticidad, reduce la inflamación cerebral relacionada con el estrés e incluso puede proteger las áreas del cerebro que suelen ser vulnerables a la atrofia asociada al envejecimiento. La práctica regular aumenta el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína que promueve la supervivencia y el crecimiento de las células cerebrales.
Los estudios de resonancia magnética han demostrado que quienes practican yoga a largo plazo suelen experimentar una menor atrofia en el hipocampo y la corteza cerebral (áreas vitales para la memoria y el procesamiento de la información) en comparación con quienes no lo practican.
